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Estefanía Molina García Crisis de expectativas: Oportunidad de alternativas |
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Por un momento parece que
formular el Plan Nacional de desarrollo y dirigir su ejecución, cumplir y hacer cumplir la constitución vigente y las leyes,
dirigir la acción de gobierno a través del gabinete así como la rendición de cuentas en aspectos políticos, sociales, económicos
y administrativos de su gestión; están subordinados a aspectos que le liguen emocionalmente con la población. Lo importante
de un presidente no es que cumpla con sus obligaciones y atribuciones, lo importante es que sea bueno porque salde deudas
con jubilados y pensionados, que se preocupe por la salud y el bienestar de su pueblo y que llegue a acuerdos necesarios para
que el dichoso pueblo (no los ciudadanos ni el soberano) pueda adquirir los productos necesarios para cubrir sus necesidades
básicas, después de que los malos capitalistas dejaran a la gente pasando hambre por no querer ajustarse a precios decretados
por el presidente, quien de manera inconsulta decidió que esa era la manera de darle de comer a los más pobres. Evidentemente, al actual
presidente de Venezuela se le vino abajo el proyecto. Enormes colas para comprar recursos básicos han dejado ver que no se
han habilitado los canales para que cada individuo pueda alcanzar una vida autónoma, libre y productiva sin tener que llevar
a cabo esfuerzos excepcionales para mejorar su calidad de vida. Ese modelo se le ha venido
abajo como de derrumba cada “proyecto” –si merece ese nombre ideas trasnochadas que obedecen a la voluntad
de los riñones de algunos- que pretende encasillar y clasificar a individuos como cosas, como si cada ser pudiera repetirse
en otros, irrespetando así la individualidad y limitando la creatividad en aras de mantener orden y control sobre todo y sobre
todos; hecho bastante evidente en el discurso de las bondades de la pobreza, pero es más palpable en el incentivo a vivir
del Estado antes de tener iniciativa de superación, en el discurso maniqueo que se mantiene hacia la riqueza y la propiedad
privada, aspecto este último fundamental para el progreso de una nación. Tangible también en el intento de clasificar como
una sola cosa a los buhoneros, que si es cierto que perturban el ornato de la ciudad, la limpieza e incentivan la piratería,
más que preguntarse cómo deshacerse de ellos, hay que preguntarse cómo llegaron hasta ahí, y porqué siendo un renglón tan
variado respecto a procedencia, nivel educativo-económico y edad permanecen en ese oficio. El asunto es que al parecer,
en Venezuela ciertas personas no se han percatado de que el Muro de Berlín cayó hace bastante tiempo (18, para ser más precisa)
y poco tiempo después la máxima expresión del socialismo, Por lo demás los jubilados,
los pensionados y la salud no son competencia directa de un jefe de Estado, pese a que un mandatario personalice la política
interna y todo lo que de ella depende (que viene a ser desde los integrantes de un gabinete hasta la interacción entre ciudadanos
de tendencias políticas distintas, pasando por “programas” de distribución de alimentos que se ejecutan en buena
parte del territorio nacional, qué ente financia estos programas y qué aprueba Venezuela está pasando por
algo que algunos sociólogos llaman “crisis de expectativas”. En realidad pasó por esa situación crítica hace algo
de tiempo, pero ahora parece repetirse el mal. Muchas personas que no aprobaron la reforma aún apoyan a su líder, pero empiezan
a desencantarse de él, y las figuras visibles que tienen al otro lado del panorama, lo que consideran mal llamado “derecha”,
algo que nunca ha existido en Venezuela, pero son los modelos que esta población ha tenido, no les agrada, ya sea porque lucen
dinosaurios, porque les trae ingratos recuerdos a la memoria o porque no puede identificarse con éstos. No digo esto para
agregar el 2008 en “las crisis de |
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