Estefanía Molina García

Crisis de expectativas: Oportunidad de alternativas














Estefanía Molina García





3erPolo

Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad
y no quiere cambiar de tema.
Winston Churchill
















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Por un momento parece que formular el Plan Nacional de desarrollo y dirigir su ejecución, cumplir y hacer cumplir la constitución vigente y las leyes, dirigir la acción de gobierno a través del gabinete así como la rendición de cuentas en aspectos políticos, sociales, económicos y administrativos de su gestión; están subordinados a aspectos que le liguen emocionalmente con la población. Lo importante de un presidente no es que cumpla con sus obligaciones y atribuciones, lo importante es que sea bueno porque salde deudas con jubilados y pensionados, que se preocupe por la salud y el bienestar de su pueblo y que llegue a acuerdos necesarios para que el dichoso pueblo (no los ciudadanos ni el soberano) pueda adquirir los productos necesarios para cubrir sus necesidades básicas, después de que los malos capitalistas dejaran a la gente pasando hambre por no querer ajustarse a precios decretados por el presidente, quien de manera inconsulta decidió que esa era la manera de darle de comer a los más pobres.

 

Evidentemente, al actual presidente de Venezuela se le vino abajo el proyecto. Enormes colas para comprar recursos básicos han dejado ver que no se han habilitado los canales para que cada individuo pueda alcanzar una vida autónoma, libre y productiva sin tener que llevar a cabo esfuerzos excepcionales para mejorar su calidad de vida.

 

Ese modelo se le ha venido abajo como de derrumba cada “proyecto” –si merece ese nombre ideas trasnochadas que obedecen a la voluntad de los riñones de algunos- que pretende encasillar y clasificar a individuos como cosas, como si cada ser pudiera repetirse en otros, irrespetando así la individualidad y limitando la creatividad en aras de mantener orden y control sobre todo y sobre todos; hecho bastante evidente en el discurso de las bondades de la pobreza, pero es más palpable en el incentivo a vivir del Estado antes de tener iniciativa de superación, en el discurso maniqueo que se mantiene hacia la riqueza y la propiedad privada, aspecto este último fundamental para el progreso de una nación. Tangible también en el intento de clasificar como una sola cosa a los buhoneros, que si es cierto que perturban el ornato de la ciudad, la limpieza e incentivan la piratería, más que preguntarse cómo deshacerse de ellos, hay que preguntarse cómo llegaron hasta ahí, y porqué siendo un renglón tan variado respecto a procedencia, nivel educativo-económico y edad permanecen en ese oficio.

 

El asunto es que al parecer, en Venezuela ciertas personas no se han percatado de que el Muro de Berlín cayó hace bastante tiempo (18, para ser más precisa) y poco tiempo después la máxima expresión del socialismo, la Unión Soviética. Algunas personas aún no se han percatado de que a nadie le gusta ser tratado como un número, que progresar es algo que casi todo el mundo procura, así como ser rico, ser tomado en cuenta por su propia iniciativa y por ende, se rinde mejor cuando se es tomado en cuenta por el esfuerzo propio más que por trabajar para alguien y ser obediente.

 

Por lo demás los jubilados, los pensionados y la salud no son competencia directa de un jefe de Estado, pese a que un mandatario personalice la política interna y todo lo que de ella depende (que viene a ser desde los integrantes de un gabinete hasta la interacción entre ciudadanos de tendencias políticas distintas, pasando por “programas” de distribución de alimentos que se ejecutan en buena parte del territorio nacional, qué ente financia estos programas y qué aprueba la Asamblea Nacional).

 

Venezuela está pasando por algo que algunos sociólogos llaman “crisis de expectativas”. En realidad pasó por esa situación crítica hace algo de tiempo, pero ahora parece repetirse el mal. Muchas personas que no aprobaron la reforma aún apoyan a su líder, pero empiezan a desencantarse de él, y las figuras visibles que tienen al otro lado del panorama, lo que consideran mal llamado “derecha”, algo que nunca ha existido en Venezuela, pero son los modelos que esta población ha tenido, no les agrada, ya sea porque lucen dinosaurios, porque les trae ingratos recuerdos a la memoria o porque no puede identificarse con éstos. No digo esto para agregar el 2008 en “las crisis de la Venezuela contemporánea”, sino solo para que quienes entendemos la política como acuerdos, descentralización y respeto, y tomamos la economía como iniciativa privada, privatización y disminución de controles, tomemos en cuenta que estamos en el año para darnos a conocer a una población que está esperando nuestras propuestas y soluciones.

 

 
















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