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Estefanía Molina García Empezando a construir por la azotea: Insinceridad, incapacidad y candidatura única |
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¡Ha salido humo blanco!
¡Habemus candidato! Uno que nos sacará de esta difícil situación que estamos viviendo, nos llevará al país ideal; en torno
a quien debemos agruparnos y a quien debemos apoyar. ¡Patria o muerte! Así como en los partidos leninistas. Con la diferencia
de que en nuestro caso no hace falta formar parte de una organización político- partidista para recibir presiones, agachar
la cabeza y aceptar la línea dictada por (quienes pretenden ser) nuestros líderes. Rechazando por completo una salida autoritaria y considerándome defensora del sistema democrático,
me permito salirme de las únicas dos opciones de las cuales se nos permite hablar (votar o no votar) y opino que de nuevo
los más notables proponen remedios que pasarán a engrosar las filas de fracasos de esta oposición nada seria, incapaz de sincerarse
consigo misma y llegar a la raíz del asunto. Están como quien pretende construir un edificio empezando por la azotea y sin
querer llegar a las bases, buscando soluciones a las consecuencias, no a las causas de la situación. Es absolutamente necesario desmontar el mito de que aquí el problema es una persona, por lo tanto
la solución es hallar un ser puro, inocente y súper-poderoso, quien se encargará de llevarnos a la Venezuela de nuestros sueños; distinto a todos aquellos que por Miraflores han
pasado y apto para solucionar problemas existentes y por existir. Consciente estoy de lo difícil que le resulta aceptar dicha solicitud a una población acostumbrada
a lo fácil, a lo inmediato y habituado a menospreciar el pasado, quedando así susceptibles a cambiar nuestra percepción de
la realidad dependiendo de la última reinvención que elabore de nuestra historia cualquier "cara nueva" que haga su aparición
en nuestro siempre amplio y complaciente escenario político. Es preciso armarse de paciencia y de la mayor objetividad posible
para llegar a una apreciación medianamente sensata del momento que estamos atravesando y alcanzar a formular y delimitar el
dilema. La dificultad existente no es una persona, razón por la cual no se solucionará postulando candidatos
a la presidencia. Por eso la pregunta que cabe no es participar o abstenerse, es: qué hacemos frente a esta realidad, que
cual tsunami se levanta y podrá arrastrarnos a todos al fondo en caso de seguir insistiendo en esta diatriba hueca, sin contenidos
y procurando soluciones cortoplacistas. Nuestro país viene presenciando un decaimiento en la vigencia de sus instituciones, desconfianza
en organismos conformados con la intención de mantener respeto en la pluralidad y con ello, pérdida del diálogo para llegar
a un acuerdo, siendo justamente estos últimos los aspectos fundamentales de un sistema democrático que no van a resultar fortalecidos
con la escogencia de un candidato para unas elecciones cuyos resultados serán el efecto de la insistencia por parte de algunos
sectores en un discurso anti-político aunado a la desconfianza, por parte de la población en general, hacia los partidos. Es urgente reconocer la necesidad del debate político sustentado en argumentos válidos, ideologías,
proyectos viables, reconocer y aceptar las diferencias, asumiendo que si bien existen desigualdades marcadas, precisamos alcanzar
acuerdos que giren en torno a programas, cuyo norte debe ser procurar fortalecer el diálogo y las instituciones. Me refiero a conformar una mayoría, pero no alrededor de una persona a quien debemos apoyar porque
las encuestas lo señalan como el que más aceptación tiene, pues caer en eso sería hacerle el juego a este gobierno para quien
toda razón empieza y termina con la voluntad de un ser; esto va mucho más lejos que elecciones con condiciones o sin ellas. Lo fundamental en política es mantener un espíritu crítico ante los acontecimientos, cuyo soporte
ha de ser la discusión de ideas, así como la búsqueda de acuerdos en programas que sean alternativa, mantener la esencia de
las organizaciones políticas, evitando la personalización del debate político y ser de simple entretenimiento, complaciendo
a quienes prefieren ser espectadores de los sucesos. Una vez que comprendamos que lo primordial en política no son nombres ni micrófono, sino debate de
ideas, instituciones, proyectos y mantener un espíritu crítico, podremos darnos el lujo de escoger un representante de la
unidad. Hasta la fecha, esos requisitos mínimos no se han cumplido, no hemos mantenido un debate acorde con la altura que
requiere el momento histórico que estamos atravesando, por lo tanto toda búsqueda de consenso resulta insuficiente, hueca,
vacía y mediocre, porque representa más de lo mismo. Porque no queremos llegar a las bases, ver la realidad y atacar desde
la raíz el fenómeno de la antipolítica que nos paraliza, que nos entierra en lo más profundo de nuestra alma, ese terror a
las instituciones, a un Estado de Derecho; por mitos, o por considerar (conciente o inconscientemente) que tales características, propias de un sistema democrático no están hechas para nosotros, subdesarrollados,
tercer mundistas. Es ahí donde debemos enfocarnos, donde debemos dar todo de nosotros, en conseguir sembrar en el alma
de los ciudadanos, ansias por un sistema democrático con instituciones fuertes y proponiendo debates serios. Los nombres y
micrófonos sobrarán. Apuntemos entonces nuestra capacidad y nuestras fuerzas en lo que importa, no en lo trivial. |
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